“Curso de catalán y catalanes”

Ya lo hemos dicho antes, tal como le ocurre a nuestra “levítica ciudad”, (¿habrá quien todavía nombre así a Querétaro aparte de Juan Antonio Isla?) el recuerdo de lo que era la Barcelona de la era pre-olimpiada también parece desdibujarse y se va quedando en la memoria de nostálgicos, y muchas veces fastidiados habitantes de esta maravillosa ciudad, como algo más de lo que irremediablemente se ha perdido en la nada. Una globalización fast-track que parece engullirlo todo a ritmo frenético y la llegada de cientos de miles de nuevos ciudadanos, impide adivinar en que va terminar todo esto, cual será el producto a decantarse.
Tanto en el Bajío mexicano como en estas costas del Mediterráneo, la migración, la mezcla de personas de tan variado origen y cultura, hace inútil hacer pronósticos a corto plazo, el día a día va tan de prisa que de la imagen queda solo un manchón lleno de sensaciones. Rotas las normas que durante tanto tiempo funcionaron para apuntalar la convivencia, sin reglas claras para vivir nuestras pequeñas y personales vidas sin miedo al futuro, surge el individualismo impaciente, irritable y de ahí a solo un paso la intolerancia que va de la mano con el miedo a “lo otro”. La pregunta es como se va a lograr que esta convivencia, forzada para muchos, pueda llegar a convertirse en esa anhelada integración plena entre diferentes, hay momentos en que parece que a la apuesta se le acaba el tiempo. Un ejemplo de esto son las recientes declaraciones del primer ministro francés Fillon, respecto a que el presidente Zapatero se había quejado amargamente con él, “acá en cortito”, de la regularización de inmigrantes del año 2005. Ya el gobierno Español ha mandado un desmentido, nosotros nunca sabremos cual fue la verdad pero la leña al fuego ya está echada. De lo que si estamos ciertos es que la migración ya suma 200 millones de personas en todo el mundo. Fenómeno irreversible que se ve amenazado con invocaciones de sectores radicales, a otra más de las limpias étnicas con las que la humanidad se ha manchado las manos a lo largo de su historia.

Estos días llego a puerto con mi curso de catalán del nivel básico tres. Curso intensivo para aprovechar Agosto de verano y vacaciones, cuando todo mundo abandona la ciudad y nosotros se nos va quitando el sabor de la envidia cuando nos enteramos que algunos de ellos las han hecho en aeropuertos, hoteles con sobre cupo y playas donde miles de medusas practican el surf mientras los bañistas, sin poder hacer lo mismo, las miran desde la playa con brazos cruzados y mirada resignada.

Al curso nos inscribimos una veintena de personas de diez y seis nacionalidades diferentes y venidas de cuatro continente. Muy jóvenes la mayoría y los más de ellos y ellas profesionistas con títulos universitarios de sus países, a la espera y esperanza de lograr una homologación que parece nunca llega. Una de las razones para aprender la llengua es facilitar el ingreso al mercado de trabajo, que desde el punto de vista operativo no haría falta ya que el castellano es también lengua oficial en Cataluña y todos los catalanes son castellano parlantes. También es cierto que los inscritos en el “Consorci per a la Normalizació Lingüística” estamos convencidos de la importancia del conocimiento y por supuesto sabemos que el idioma local es la herramienta para acercarse a su cultura y romper barreras, además de estar contribuyendo a conservarlo.

La experiencia ha sido enriquecedora y más allá de cualquier tópico hemos disfrutado unos y otros con nuestro complejo y rico bagaje, matizado sin duda por la condición de expatriados y en muchas ocasiones emocionados por las múltiples razones por las que el emigrante decide dejar su país de origen, dramáticas las más de las veces. En torno a la máquina de café o en el aula durante los ejercicios orales, hemos compartido crónicas, recetas, anécdotas y, sobre todo, las ilusiones con las que se ha llegado a esta tierra. Escuchar a Melike (19) era descubrir una Turquía moderna, pujante, entusiasta. Una turca que se declara no musulmana, radicada en Austria que domina además del alemán y el turco, el castellano, el inglés y que lleva dos veranos aprendiendo, por placer, el catalán. Con Khujá (25) nos enteramos de las difíciles condiciones que vive su Kabul y en especial las mujeres, bajo un régimen de guerra impuesto desde occidente. Graciela (60) argentina, socióloga y catedrática en su país, trabaja como voluntaria para la asistencia de jóvenes con problemas de adicción. Yuyine (17) nos habló, con voz muy bajita, viejo truco para lograr la plena atención de la audiencia, de su natal China dividiéndola en dos: los del norte como altos y estudiosos y a los del sur como bajitos y comerciantes, confesó su desinterés por los estudios y su pasión por el comercio, con mucho era la mejor alumna del grupo. Karina del Perú (17) nos dio una crónica detallada del terremoto sufrido en su país mezclando anécdotas de su pasión por la música, de sus días como miembro de la banda sinfónica en su Lima. Bernardina (40), psicóloga venezolana, nos dio una visión científica sobre la homosexualidad, mientras nos contaba de lo procesos por los que ha tenido que transitar para conseguir la homologación de su título. Michelle el camerunés, Jazmín la Salvadoreña, Alexandra la colombiana, Axell venida de Bélgica, Prenam del Nepal, Amelia de Bolivia, todos ellos gente de bien venidos a esta tierra a dar lo mejor de si mismos y que sin duda hoy han contribuido a que mi existencia sea más rica en conocimientos y por supuesto, en amistades, ese germen que cultivado lleva a la solidaridad, esa proverbial solidaridad que, se ha dicho de toda la vida, caracteriza a los catalanes cuando te aceptan.