“Pasajero de primera clase”

Debería ya de jugarse a carta abierta con el asunto de la migración y que los gobiernos, en especial los del primer mundo,  hablaran claramente sobre sus planes para acoger trabajadores provenientes del tercer y cuarto y así paliar esa reducción de la mano de obra tan necesaria para mantener el sistema de pensiones y jubilaciones, tema que de manera soterrada si se toca en lo lobbies de la política económica. Esta semana en la sección Panorama del diario La Vanguardia, J. Playà escribe sobre las declaraciones del economista Josep Oliver, una nota pequeña perdida en el ángulo superior izquierdo de la página 35, donde nos dice lo que ya en otra ocasiones hemos comentado aquí sobre las necesidades del mercado de trabajo en España y que según Oliver, suma otros cuatro millones de inmigrantes hasta el año 2015, ciudadanos que se insertarán en la realidad de unos muy exasperados españoles, muchos de ellos clamando por ponerle freno a la acogida, ignorantes de la ecuación de un sistema que les favorece con la regla  del mundo idílico del bienestar para unos cuantos a costa de la miseria de una mayoría incalculable.
Por otro lado y en Cataluña, se conjetura sobre la respuesta que dará esta esforzada sociedad a un año que termina con la desilusión como sinopsis. Colapsos en el aeropuerto,   atascos crónicos, costos elevados en productos de primera necesidad a consecuencia del encarecimiento del petróleo que eleva el costo de los granos convertidos hoy en etanol y gasolinas. Colapso en los trenes de cercanía que afectaron por casi mes y medio a 200 mil usuarios diarios. Amenazas de un tren de alta velocidad que por sus obras va dejando socavones y derrumbes. Apagones que dejaron sin energía amplios sectores de la ciudad, algunos por semanas y que obligaron a la instalación de generadores para la reposición del fluido ocasionando  colapsos nerviosos al no permitir con su ruido el descanso de los vecinos. Violencia de los cuerpos policíacos que al mejor estilo californiano fueron grabados mediante cámaras ocultas en el momento que se daban gusto con las macanas en la  humanidad de detenidos y detenidas. Aparición del secuestro express por colombianos, robos a casa habitación por bandas de rumanos, clonación de tarjetas de crédito por mexicanos, compras de edificios y fincas con maletas de efectivo a manos de las mafias rusas, encarecimiento de los alquileres de locales comerciales por la presión de la comunidad china que igual aprenden el catalán en cuatro meses que abren sus tiendas de mayoreo y permanecen con las puertas abiertas fuera de las normas de usos y costumbres. Inundaciones en Tarragona por precipitaciones diluvias, amenazas de racionamiento de agua en la primavera por falta de agua en las reservas. Una  izquierda que llama a referéndum sobre la independencia de Cataluña en el año 2014, propuesta que según los expertos  divide más de lo que une y para rematar, apretadas elecciones generales en Marzo del 2008. Con todo, el alumbrado navideño hizo su aparición una semana antes de lo acostumbrado como queriendo dejar atrás este annum horribilis e invitar al ciudadano a salir a la calle a comprar castañas y boniatos, mirar los aparadores, abastecer la bodega de cava y neulas, escoger de una buena vez los regalos y desde ahora saborear los canelones de Sant Estevet que tan bien le quedan a la abuela.
XXXXX
De vuelta a México para cumplir con el ritual familiar de las fiestas decembrinas, abordé mi avión en el Prat del Llobregat para hacer escala en la ciudad de Frankfurt con destino a la de México. Una amable catalana me asignó, por primera vez en mi vida de viajero,  uno de los sitios más peleados en la humilde clase turista, el de los asientos situados en la puerta de emergencia pues al no contar con un vecino al frente se puede uno estirar a placer, levantarse sin molestar a nadie y además de quedar cerca del baño para lo que se ofrezca, puede uno observar a placer la fauna de la que vamos acompañados, el asiento 16D queda en la frontera con la clase privilegiada que viaja en “business”. Víctimas de la boira que impedía los aterrizajes en el aeropuerto alemán, nuestra nave soltó amarras con una hora de retrazo por lo que llegue a mi conexión cuando ya todos estaban a bordo y los maleteros llenos. En la sección vecina, la de los ricos, quedaban vacíos algunos compartimentos por lo que pregunte a la guapa azafata  si me era permitido guardar ahí mis cosas, a lo que fui respondido con un complaciente si. La misma chica vino hasta mi asiento y entablamos una corta charla con la que pretendía demostrarme su español. Sueño de viajero, ansia de aventura o simple vanidad masculina se me cruzó por la mente que me estaba tirando los tejos, o echando los perros como acá decimos. Con las prisas había olvidado sacar mi libro y como aun no despegábamos me levanté de mi asiento y crucé la imaginaria frontera al territorio privilegiado para hacerme con el material de lectura de la jornada, El niño de la Pijama. Cuando sacaba el bolígrafo de la chaqueta, también en el maletero y por si había que rellenar algún documento durante el viaje,  se me acerco la misma azafata y con una gran sonrisa y estudiado ademán tomo mi chamarra y me anunció que la guardaría en el armario que llevan en la sección, antes de hacerlo me preguntó con voz de susurro,  si quería tomar agua, refresco o champagne. Ya en ese momento me sentí Ralph Finnes, el actor que se metió al baño con la azafata de Quantas y hasta tuve mi arranque de culpabilidad al pensar que iba a  dejar sin trabajo a la bella chica. Le respondí que por supuesto la bebida francesa era  de mi agrado y cuando me disponía a regresar a mi lugar ella miro el pase de abordar que me había solicitado para ponerlo con la prenda y así facilitar su entrega al llegar a nuestro destino, detuvo en seco su trayecto, se giró, cambió la sonrisa por una standard y devolviéndome el abrigo me anunció que de momento no podía ofrecerme bebida alguna. Me di cuenta de la confusión y que además de seguir siendo pasajero de segunda clase también era invisible, ella no recordaba mi rostro ni mi rastro de cinco minutos atrás. Se pusieron en marcha los motores y cerraron la cortinilla entre las dos secciones. Ella se aparecía de ves en cuando y aprovechando el amplio espacio que se forma frente a los asientos de las salidas de emergencia,  se ponía a charlar con sus colegas y alejada de la mirada de los pasajeros de la business se descalzaba el pie derecho y con el empeine se frotaba la fatigada pantorrilla de la pierna izquierda, cosa muy terrenal pero que no importa para que yo siga armando el guión de una película que incluya pasiones instantáneas rozando el cielo.